Magia versus Ciencia.

Con la nueva moda del Big Data, no paramos de oír que la publicidad ahora es una ciencia, que todo se puede medir y que todo se puede crear en función de unos números, estudios y tendencias.

Lo cierto es que los datos siempre han estado allí (aunque ahora tengamos acceso a muchos más), lo cierto es que los publicistas siempre hemos utilizado los datos y las estudios sobre los consumidores para crear las ideas, pero lo cierto es que nunca hemos dejado que sean los datos los que dan una solución. Simplemente son datos. 

Si crear ideas fuera una ciencia todo sería mucho más sencillo. Pondríamos los datos en una máquina y unos logaritmos se encargarían de darnos una solución, una gran idea creativa que emocionarían tanto a los consumidores que los haría pasar por caja. Qué fácil, ganaría aquel que tuviera el mejor logaritmo. No existirían las frustraciones, noches sin dormir, no existiría las grandes sorpresas, lo inesperado. 

Marcas, empresas, ONGs, gobiernos o causas, no necesitarían de agencias creativas, simplemente contratarían a grandes grupos con grandes cantidades de datos y esperarían soluciones (seguramente iguales).

Pero la realidad no es así. La habilidad para conectar emocionalmente con el consumidor, de sorprenderle, de crear cosas que nadie antes había imaginado proviene de algo que no se puede medir, que no se puede manipular, algo que no es fácil. No sabemos como llamarlo, ese momento eureka, ese momento de iluminación, de “verlo”, esa magia que aparece de repente cuando llevas horas, días, semanas pensando en una.

La magia, la capacidad creativa de emocionar, de conectar con las personas es algo que algunas personas tiene y otras no. Al igual que no todo el mundo tiene la capacidad de ser un premio nobel o un Woody Allen o un Spike Jones o un Hegarty, Droga o Abbott. No perdamos la sensibilidad de reconocer el talento y el valor que aportan los creativos de este mundo, no dejemos que los datos y solo los datos guíen nuestras vidas (utilicémoslos como siempre, para inspirarnos en crear algo inesperado).