HOY LOS DATOS COMIENZAN A COBRAR VIDA, tanto que se ha producido un proceso de humanización tecnológica.

Hablar de la humanización tecnológica nos lleva a hablar en términos de ciencia ficción. Pero a nadie le sorprende que nuestro móvil nos programe las rutas más cercanas para llegar a casa, nos aconseje sobre restaurantes según nuestra localización, nos diga qué debemos vestir según el tiempo que hace o nos pregunte qué tal estamos. Los datos se están integrando de forma natural en nuestras vidas, día a día para facilitar y ofrecer experiencias más personalizadas. Esta humanización tecnológica y la desaparición de los datos a los ojos del consumidor es la clave para que dejemos de hablar de simple ciencia, y empecemos a hablar de ciencia aplicada a nuestra realidad o nuestra verdad.

Hoy podemos afirmar más que nunca que estamos viviendo una transformación de los datos, porque hemos pasado de aprender a recolectar datos de millones de fuentes y formas a aprender a crear con ellos, en el más amplio sentido de la palabra. Datos que se transforman en inteligencias artificiales, programación que se desarrolla en asistentes virtuales y chatbots, e información que permite que los servicios se desarrollen y se adapten a nosotros antes de que nosotros mismos lo sepamos.

Esta tendencia se ha visto reflejada sobre todo en la mejora de atención al cliente, involucrando a todos los sectores. Desde la banca, con Plum, un chatbot en forma de gestor bancario, que utiliza algoritmos inteligentes para analizar los ingresos, gastos y ahorros para ofrecer consejos financieros. Pillo Health, un robot personal de salud que recuerda, administra medicamentos, responde a preguntas y conecta a los usuarios con los médicos. Hasta en el sector jurídico, yendo más allá y revolucionando totalmente la forma de entender la categoría, apostando por la inteligencia artificial y el aprendizaje automático con el objetivo de optimizar las relaciones con los clientes y la gestión interna.

Según la encuesta Law Firms in Transition Survey, afirman que no se trata de una moda pasajera, sino de una obligación estratégica que deben empezar a integrar todas las marcas. Y Dentons, junto con IBM han desarrollado Ross Intelligence, una herramienta que busca crear al abogado más inteligente del mundo. Su IA analiza todo el historial de casos de cada Estado para ofrecer respuestas legales basadas en la investigación, facilitando y agilizando la labor de los abogados. 

Pero nada lejos de nuestro sector, Condé Nast se asoció con Influential, una plataforma de marketing que trabaja con datos para ofrecer estrategias de marketing más dirigidas a sus clientes. Y todo, con un software construido por IBM Watson. Una plataforma que aprende y resuelve de forma más rápida que una persona dando soporte estratégico a partir del máximo conocimiento de los usuarios.

Incluso Warc, en su informe de las 100 mejores campañas eficaces del año, ha destacado la relevancia de los datos aplicados en la creatividad, una subtendencia que dentro del sector de la publicidad veremos como cada vez su uso será más exponencial. Y así lo demostró The Economist, con la campaña digital que realizó para dirigirse a una nueva audiencia, utilizando los datos para adaptar el mensaje según el público y el contexto. Otro ejemplo, que demuestra que los datos no están reñidos con la creatividad es la campaña The Next Rembrandt, que utilizando el análisis y los algoritmos, ING fue capaz de crear una nueva pintura de Rembrandt, absorbiendo todas sus características y elaborando con inteligencia artificial un nuevo cuadro como si lo hubiese creado el propio autor. Hasta la inteligencia artificial permite que Rembrandt siga vivo.

No obstante, no hay que olvidar que los datos también tienen una labor más allá de resolver y mejorar situaciones cotidianas. Un rol con un impacto futuro. Unicef a finales del 2016, se asoció con la firma de diseño Domestic Data Streamers para crear la campaña “Making Visible the Invisible”, destacando la necesidad de identificar los datos vitales y la información que falta en temas globales críticos, como la falta de cifras internacionales sobre la salud y la educación de niños refugiados o el desconocimiento de si el agua es segura para beber en cada uno de los países del mundo. Una guerra de datos que crea controversia en el movimiento Datalive, pero que la hace más aspiracional, con una proyección más allá de resolver acertijos rutinarios y focalizarse en soluciones que puedan tener un impacto a largo plazo.