El 2015 fue el año del Big Data. Los datos nos ayudan a entender al consumidor: cómo es, qué piensa, qué hace, qué busca, qué consume...

Los datos son el poder. Con la era de la información y las nuevas tecnologías somos cada vez menos intransigentes a la hora de dar nuestros datos personales. Buscamos tener acceso a todo lo que deseamos y mediante un solo dispositivo, velocidad a la hora de navegar (datos personales registrados) y almacenamiento de nuestras vidas (fotos, vídeos, documentos).
La nube se ha convertido en nuestro mejor “aliado”. Ya no nos importa tener posesión de las cosas, incluso no alardeamos por tener toda las temporadas de “Friends” en una estantería.

A pesar de la controversia del tema, a los consumidores no les importa si las empresas tienen sus datos si a cambio se traduce en beneficios y experiencias.

Pero ¿cómo se entiende el Big Data después de un año? ¿qué ha pasado con la revolución de los datos? ¿hacia dónde está evolucionando este concepto?

El Big Data es un término que por sí solo no significa nada en el día a día de las personas. No es simplemente una gran base de datos de información, es la oportunidad de trabajar la personalización, el “one to one” e ir un paso más allá.

Los datos tienen el poder de hacer del mundo un lugar mejor.

Con la ayuda de los datos tenemos el poder de ofrecer un valor tangible a la sociedad, representan una oportunidad única para descifrar a las personas, sus verdaderas necesidades e intereses.

La salud es uno de los campos donde los datos tienen muchísimo que aportar: tienen el poder de predecir epidemias, curar enfermedades y mejorar la calidad de vida de las personas. Con el crecimiento de la población y el incremento de la esperanza de vida, los modelos de tratamiento se están reinventando con la ayuda de los datos para la toma de decisiones. Cuanta más información, mejor.

IBM empezó a aplicar su tecnología Watson (AI cognitive computing) a las áreas de interés humano, como la medicina. Esto está permitiendo que la investigación se desarrolle 20 veces más rápido que por los métodos tradicionales. A parte, IBM es proveedor de datos de Roland Garrós y para el 2015 presentaron Datables, animaciones que mostraban en tiempo real los resultados de los partidos, 60.000 veces más rápido que el texto.

Los smartphones ayudan a que crezca este valor adicional. Con la ayuda de aplicaciones que miden las calorías, los kms andados o las horas de sueño, tenemos la posibilidad de tener una vida mucho más sana. Tecnologías como FitBit, Jawbone o Samsung Gear Fit nos ayudan a conocer nuestro progreso, además de unir nuestros datos con los de el resto de la población. En un futuro muy próximo, podremos compartir esos datos con nuestro médico, que podrá usarlo como parte de su diagnóstico. El acceso a grandes bases de datos sobre hábitos de salud de la población tienen un grandísimo poder para prevenir problemas y estar así preparados con las soluciones (médicas o educacionales) incluso antes de que ocurran.

Los datos empujan a pensar sobre cómo podemos mejorar la vida de las personas. Son éstas las que nos dan los resultados y nosotros les damos las soluciones. En esta tendencia no sólo hablamos de datos, hablamos de cómo estos ayudan a crear un mundo mejor aportando valor en el día a día de las personas. Nace la parte social del Big Data.

Las ciudades, el medio donde vivimos, empiezan a analizar la información de sus habitantes para solventar los problemas urbanos y sociales. Bristol is Open es un proyecto que pretende crear smart cities del futuro, para que los ciudadanos tengan más capacidad de interactuar, trabajar y jugar con la ciudad. Otro proyecto es The thing Network, que te permite una nueva forma de conectar (sin necesidad de 3G o wifi) a la población.