Hoy las nuevas rockstars no las encontramos solo en Hollywood o en Wall Street. Hoy la gente no solo admira a músicos, actores, deportistas o empresarios. Los fundadores de Snapchat, Instagram o Tesla hoy acumulan casi tantos fans como estos. ¿Quién habría dicho hace un par de años que seguiríamos pegados a una pantalla los discursos de un programador o que todos querríamos aprender código? Sillicon Valley mola. Los cerebritos, molan.

Y más allá de los grandes nombres, lo que estamos viendo es que esta nueva mentalidad, y el auge de estos nuevos perfiles se está reflejando en un cambio cultural y social. No solo se trata de una cuestión de famosos e influencers. Incluso en la cultura popular, cada vez hay más contenidos relacionados con estos ámbitos. Desde Big Bang Theory, hasta Halt and Catch Fire, pasando por Mr. Robot, las series relacionadas con la programación, la tecnología y los hackers triunfan año tras año. 

Este cambio de mentalidad se refleja incluso en la educación, un ámbito en el que día a día la programación entra con más fuerza como el nuevo lenguaje del siglo XXI. Ya no solo hablamos de que cada vez las aulas son más digitales, y la tecnología se integra como medio para facilitar tanto la labor de los profesores como el aprendizaje de los alumnos. El código y la robótica se implantan como asignaturas orientadas hacia el futuro en las escuelas de todo el mundo.

Muestra de ello son casos como Blinklearning a nivel nacional, una plataforma que busca facilitar la labor de los profesores y hacer su trabajo aun mejor a través de la personalización de los contenidos y la forma de enseñar, o incluso Apple, que presentó en la última WWDC su programa New Classroom App, que también busca encontrar una nueva unión entre profesor y alumno. A partir de esta app educativa evolucionan los dos conceptos: la enseñanza desde el profesor y el aprendizaje desde el alumno. Se trata de llevar a las aulas un modelo de aprendizaje y seguimiento más personalizado y adaptable.

Y este creciente interés por integrar las bases para los empleos más técnicos en la escuela no es casualidad. Y es que según El Foro Económico Mundial, los trabajos más demandados durante los próximos 10 años serán de corte tecnológico, y en 2025 las nuevas tecnologías serán uno de los mayores motores del empleo. De hecho, sectores como la biotecnología han crecido un 359% en la última década.

Esta nueva realidad tampoco pasa desapercibida a las compañías, que tratan de hacer crecer o incluso integrar a estos nuevos talentos del futuro. Glindo, una compañía de alimentación, desarrolla Glicode, una app para los más pequeños que enseña a codificar usando sus snacks. Una compañía que no está enfocada en tecnología ni innovación pero que responde a partir de sus herramientas a un contexto donde cada vez más la tecnología está presente en el día a día, y donde se funde la realidad con el mundo digital, haciendo de sus productos una forma fácil y divertida de aprender con los nuevos códigos.

Encontramos otros casos como Lego con sus Mindstorm EV3, kits para construir robots que integran un sistema de programación, que enseña a los más pequeños a utilizar el código con un programa sencillo. Incluso Google ya está explorando la relación entre programación y elementos tangibles para enseñar código a los niños con Project Bloks, donde una serie de módulos físicos interactúan entre si con principios de programación. 

También proyectos más sociales como el de Bitsource demuestran el poder de transformación de estas nuevas industrias. Se trata de una startup basada en Kentucky, que para lidiar con la crisis del sector minero en la zona, decidió enseñar código a los mineros para reenfocar sus carreras profesionales. Y lo consiguieron, de hecho todos los integrantes de la primera promoción consiguieron un trabajo como programadores. O por ejemplo, el proyecto Tunga, una red social para jóvenes programadores africanos que permite dar a conocer a estas personas para conseguir empleo en empresas tecnológicas que necesitan este tipo de perfiles. Un nuevo rol necesario en las empresas y que gracias a la tecnología es posible acercar oportunidades desde cualquier punto del mundo. 

Y otro de los puntos que debe evolucionar alrededor de este concepto es la percepción anticuada de que este tipo de trabajos tiene implícita una cuestión de género. Es por ello que proyectos como Little Ms. Crate trabajan por mostrar la normalidad a las nuevas generaciones. Se trata de un servicio de suscripción para niñas, que mensualmente envía una caja temática con todo lo necesario para jugar a ser programadora, ingeniera, o CEO. No se trata de trabajar por la igualdad de género, sino por normalizar algo que debe ser libre de prejuicios y connotaciones desde el principio.

Como vemos, cada vez la tecnología y los responsables de crearla, se sitúan como un elemento más aspiracional en la sociedad. Pronto el código se verá como una lengua más que aprender, al lado del inglés o el francés. Y es que, lo queramos o no, el futuro es techie y tanto las marcas como los gobiernos y las instituciones deben aprender a responder a las expectativas que genera. El futuro se construye línea a línea de código, y los nerds que son capaces de hacer que esto ocurra a su antojo, molan.